jueves, 9 de octubre de 2008

sin título (¿sin nombre?)

Por la memoria me fundo fuera del tiempo.
Emmanuel Levinas


Es gracias a él, a quien nunca conocí, ni dirigí la palabra(hablada o escrita), él que dio gracias a Emmanuel Levinas a su vez, en esa última oración de despedida, por el don, que le fue otorgado bajo la palabra adios[a-Dios] para pronunciarla y pensarla de manera radicalmente distinta; que puedo pensar de una manera distinta, bajo la huella de la complicidad, la relación entre las palabras escritura y muerte. Por eso, lamento no haberlo despedido(sino, tal vez, hasta ahora). Recuerdo entonces, como hace cuatro años mi madre recortó para mí, sin saber las repercusiones que tendría cuatro años después, la nota publicada sobre la muerte de Jacques Derrida, nombre que yo leía por primera vez y que; curiosamente, recalcaba como el nombre -su nombre-, era lo único que nos quedaba de él para recordarlo, para dar pie al trabajo de duelo y al mismo tiempo para decir si a la vida sin negar a la muerte, en otras palabras: aceptar el regalo de su escritura.
Es por eso que, recordándolo a él , constatamos lo que nos dijo en vida gracias a su palabra siempre abierta a la alteridad: tanto el nombre propio, como su escritura, no señalan otra cosa que la vida es un dialogo con fantasmas. Y que, finalmente, él (aquel que sabía con plena consciencia que se vive la muerte en la escritura): si es que ha muerto, lo ha hecho desde el momento mismo en que ha sido nombrado durante los últimos setenta y ocho años. Finalmente no me queda otra cosa para recordarlo, nombrándolo, que repetir las palabras de Esther Cohen, en conmemoración suya:
"Los espectros siempre están ahí, aunque no existan, aunque ya no estén, aunque todavía no estén. ¿Quién sino él nos enseñará a conversar con ellos, ahora, Jacques Derrida, a quien nunca conocí, a quién nunca dirigí la palabra, ahora, ahora que nos ha abandonado, con su espectro sobreviviendo ?"



4 comentarios:

Ernesto dijo...

Este me gustó

Sebastiana dijo...

Sabes, yo no sabía quién era Derrida cuando se murió, sólo conocía el nombre. Me mandaron un mail con la noticia de algún periódico y en clase de Filosofía de la Lógica hicieron algún chiste ñoño sobre cómo a nadie en el salón le pesaría. Todos se rieron.

Qué tanto habrán cambiado las cosas desde el 2004? Para nosotros, para "Derrida", como nombre, para la escuela, para los que ahora toman Filosofía de la Lógica... No lo sé. Dos de los cuatro años que nos separan de esta fecha los he pasado intentado conocer qué hay en ese nombre que hace chistoso aquel chiste. Aún no lo sé, pero creo que lo es. Antes no estaba segura.

Qué hay en la muerte de alguna persona que provoque risa? O por qué la solemnidad de la no-risa? Sigo sin poder reirme realmente, pero no siento tristeza. Mientras más lo leo, menos se convierte en personaje, más se aleja, para mí, de la posibilidad de recordarlo (con todo y su inolvidable cabello). Y no puedo dejar de pensar en su imagen cada vez que alguien pronuncia su nombre, como si dijeramos manzana o lechuga, pero hasta ahí me quedo, no logro dar el paso entre lo que leo y la persona. Porque desde que lo empecé a leer nunca estuvo, y aunque no hubiera muerto, no podría estar.

Ya no sé qué es Derrida...

mengana dijo...

Hubo una conferencia magistral sobre Borges y la deconstrucción
o algo así

no le entendí nada,
pero me acordé de ti

mengana dijo...

a, si se me olvidaba

ÑOOOOOOOOOOOOOOOOOOOÑÑOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!